martes, 10 de noviembre de 2015

no me dejes dejar

Me resulta difícil ver tu cara cuando no estás, y eso que antes tenía grabado a fuego el recuerdo de tu piel en mi memoria, que me arremetía a todas horas. De ti no había descanso, éramos ascua incandescente y llamarada ardiendo juntos sin querer, sin intentarlo; siendo, siempre, yo de ti y tú de mí y creciendo sin parar.

Pero nos volvimos ya ceniza, sin borrón y cuenta nueva. No hay ruta a deshacer, pues contigo jamás hubo camino. Somos y siempre fuimos una marcha forzosa y voluntaria. Obligábamos al destino a amarrarnos juntos una y otra vez, sin importar los delitos ni las carencias con las que nos castigábamos y que nos descosían a ambos. Y es que mira si es tal el amor, que te busco aún en cada intersticio de mi tiempo, carcomida por la ansiedad venenosa de volver atrás al punto maldito en que todo dejó de avanzar y nos detuvimos, sin saber hablar, sin poder tocarnos más que a ratos y sin sentirnos de verdad.

Y no te quiero lejos de mí, no, porque aunque en nada se ha convertido nuestro lienzo, te siento perenne muy adentro. En la monotonía más absurda se ha consumido nuestro Hades ideal que, sin consuelo y para bien o para mal, siempre había sido rojo intenso. Y es ahí donde ahora no puedo dejar de buscarte y no te encuentro, pero aún te quiero junto a mí, te quiero. Y me amarro a toda razón que encuentro para no tenerme que marchar, pero las distancias se dilatan tanto entre nuestros cuerpos que ya ni a tu lado encuentro limpio el sueño. Y te necesito, me haces falta, pues eres venas en mi carne y aún así siento que sin quererlo tengo que dejarte atrás.

Porque es tan limpia la inercia de irme sin volverme a mirar, de encontrar otros brazos que me arropen en las pesadillas y me quiten el aire de nuevo, otra vez de verdad, que casi quisiera ser capaz de borrarte de la memoria de mis dedos y dejarme llevar. Casi quisiera poder decirte que me marcho y dejar de pelear, pero no puedo. Eres mi aire. Eres mi miedo. Mi vacío, mi tempestad. Y a pesar de que no te encuentro y de que me fuerzas a estancar, sé que en algo de ti habito yo dentro, la realidad de lo que soy y lo que siento.

Y ojalá pudiera encontrarte en la esquina de un amanecer, sentado en el bordillo y esperándome otra vez, con tu malicia y con tu ingenio mordiéndome la oreja y despertando en mí los deseos más obscenos, como hacías antes. Ojalá tú volviendo a hacerme sentir pequeña e insignificante por el pesado ejemplo de tu talento, obligándome sin querer a crecer y destacar solo para merecer tus horas, tus instantes. Ojalá tú anclado a mí otra vez después del sexo y susurrándome que no dejarás que me hagan daño. Ojalá no más impulsos de salir corriendo cuando me veo aburrida en tu regazo, temiendo que ya no haya retorno de este viaje al color blanco.

Te necesito alimentándome otra vez, dándome tu sangre. Necesito que vuelvas a vivir en mí, a cultivarme en ti, para no temerte tanto, para no extrañarte siempre. Necesito alargar los dedos y encontrar tus manos, porque rezo por no descubrirme nunca recordando y pensando con alivio en este cansancio que me alejó de ti, de nosotros, de las mañanas adormiladas por tu amor y las noches de infinita actividad por culpa de tu agravio. Desespero por no caer jamás en la cuenta de que en tu pérdida encontré un futuro más feliz donde aplicar tu ejemplo pero en un plano donde yo a mí también me quiero, porque sueño sobretodo con recomponerme(nos) y aprender, por y hasta el fin, a quererme junto a ti.

Así que dime por favor que cortarás todas las calles para volver a abrirme paso. Dime que te abrirás a mí, pero sin retroceder, que dejarás que entre otra vez y me asiente por fin en tu raíz, para morderte, para apurarte y para cuidarte yo a ti esta vez. Pues todo ha sido un cúmulo de yos necesitándote y de tús no dejándome saber cuándo te hacía falta, y así tú solo pero conmigo no funcionando. Cuéntame tus secretos más negros, déjame ser de ti aunque no me necesites. Dame una razón para quedarme, para encontrar en medio de este frío una vertiente de agua tibia.

lunes, 12 de octubre de 2015

Hablo contigo todas las noches. 

Corre aire, porque la ventana está totalmente abierta y la persiana se mantiene en lo más alto a pesar de que se acerque ya noviembre y yo ya esté más que resfriada. Necesito el viento para poder estar quieta bajo el edredón. Me gustaría poder pasarme la noche entera mirando a través de la ventana, pero sin las gafas no veo a un palmo y me duelen los ojos de tanto pensar. Los cierro, pero no duermo nada. 

No duermo nada. Así que hablo contigo, hablo contigo todas las noches. 

Siempre estamos acostados, siempre yo contra la pared y tú al otro lado de la cama. Ya no hace frío, porque está todo cerrado y entra muy poca luz a través de las cortinas. Yo estoy tapada. Tú me miras, pero no nos estamos ni rozando, y yo te digo todas esas cosas que pienso cada noche pero que jamás he pronunciado en voz alta. Te digo las buenas, te susurro las malas.

Y tú solamente me miras, porque nunca respondes cuando te hablo por las noches. Tú sigues en la misma posición, con los mismos ojos y tan solo un parpadeo de vez en cuando para que me crea mi alucinación. Y de repente ya no estoy tan tranquila. De repente las palabras me desbordan, emergen a borbotones de mi boca y las imágenes me golpean.

Te veo en mi puerta, gritando, y a papá echándote a patadas y yo intentando alcanzarte y encontrando una puerta cerrada. Veo a mamá chillando y cayendo encima de mí, y desvaneciéndose de repente para convertirse de nuevo en mi cama, en mi edredón que no huele a nada y en el frío entrando por la ventana.

Y yo ya sé que no voy a dormir nada, pero no puedo volver a cerrar los ojos y querría poder coger el teléfono y llamar a alguien para que me dijera que todo va a estar bien, pero en realidad no hay nada ni nadie al otro lado. Así que de repente hay goteras en mí y se me vacían los pulmones, porque estoy muy cansada de las imágenes y de hablar contigo sin ti.

viernes, 10 de julio de 2015

5 am


I dare to call myself a writer even when words don’t come out of me anymore.

Even in the darkest times now, I cling to nostalgia and loneliness and not a single word is typed. I let it drag myself away, and don’t even think about cleaning myself through writing.

Even when joy shakes me up and I can feel the whole universe, its vast immensity, running all the way to my fingertips, I let the feeling fade away and not a single word is typed.

So here I lie, renewed nonsense as I ever have been, feeling lost and ignorant of what I am, of what I should do. Here I lie, pouring down and stumbling and trying to figure out which was the moment and time where I let myself think I could do anything. Poor child.

Maybe I’m just nothing. Perhaps I’m just meant to die on a permanent state of starting, born without the capacity to ever lead anything to its end. Incapable of becoming a writer, a singer, a director, a drawer, an artist. Maybe it’s just that. Maybe I should just give up to a mediocre life, a mediocre career, an untalented absurd like everyone else. How did I ever dare to think I could be special?

Because I move around the world projecting glimpses of all these feelings that form me, and I see people mesmerized by them, I see them listen and understand and believe it's art. And even I know there is no such way of expressing my whole self at once, I can’t help feeling that I’m just creating an artificial image, just a mere mask of the part of me that I know will make them like me. I feel false.

And I really wish I could find a way to explain everything I am to the world.

You see, I find myself feeling such a strange intensity all the time. It’s like I can’t feel something on a moderate way, everything in me just bursts out with colours and wind and I just sometimes can’t handle it. Even the numbness I get inside sometimes makes me shiver out of its strength. It just doesn’t make sense.


Out of everything I’ve been told about me, I think the most beautiful one is that I am absolutely full of love. And I am, I really am, I love it all. I am deeply, hopelessly in love with everything that exists and I can feel in any way. I am a sponge, craving with the need of getting full of anything that can be given to me. Any image, any feeling, any sound just flows through me and makes me explode with joy and passion.

And I just love that part of me, you know? Because it gets me so excited about the whole world, it makes me live intensely and feel such great emotions about life and about the people I am surrounded with. And I just don’t know why can’t that be just completely true, why can’t that be everything there is inside me.

Because I would really like to know why there has to be so much pain and sadness coexisting with all that love, corrupting the passion and the happiness with self-hatred and guilt and tediousness. Is there really a need for all that poison inside my body? I just hate the way it rots me inside, because it tears all the good away, it really does. And no matter how hard I try it just drags me, I can’t help it, and for a moment I lose it all.

It drags me away and I lose myself, and no matter the reason that causes it, no matter if it lasts for an hour or two not even my limbs feel mine anymore. It scares me so much.

It’s funny how my world always finds the way to keep collapsing out of this same old constant tension. It’s like I am damned to live divided, and writing about it makes me feel crazy. I guess all of this is because I sometimes wonder if there’s any hope. Like I can’t find the way to decide if this that I am feeling makes me a deep person or just an insane one. Like I really want to know if everything I am, everything that makes me this way and everything I’m feeling is valid.

But is it?

And even so, what does it matter if I can't find a way to transform all of those feelings into something existing, something to give and share? What the hell does it matter if I am not a writer, a singer, a director, a drawer? What the fuck do I do with all that joy, all that love, all that pain and self-hatred I've got bursting out from my entrails if I am not capable of just transforming them into something real as I've always seen other people do? 

I'm useless, you see, I'm nothing.

jueves, 7 de mayo de 2015

süßer Tod

cansada de huir de ti misma, amiga
huyes de todos.
hastiada de llorar por ella, hermana
lloras por ti.
dolida de escucharlos a ella, amiga,
me oyes a mí.
sabiendo que ella volverá, princesa,
cantas sin él.
molesta de no encontrarlo y perderlo sin buscarlo,
mujer,
corres por nadie.

porque nadie te dijo nunca
que la soledad era ese juego sucio
donde el silencio y la nostalgia horadan hasta el
aire,
corroen cada intersticio de tu tiempo,
señalan tus atisbos de perdida,
y denuncian a gritos y canallada tus maniobras de
emergencia
tus simulacros de sonrisas, tus ensayos de escape,
tus salidas en rojo y a escondidas.

porque nadie te dijo nunca
que esa especie de terrorismo metafísico
ese complot ideológico entre la ausencia y el
miedo,
esa zancadilla cósmica de dioses inexistentes,
de destinos espurios,
de horarios preestablecidos,
y academia necesaria,
esa mentira evidente, pero igual de verídica e insufrible.
esa llaga en tu historia universal,
ese vietnam,
esa Plaza de mayo o Tlatelolco,
esa cruz,
esa inaguantable cruz.

en fin amiga,
que esta putísima rutina indeseada,
se convertiría en causa y azar,
en juez y parte,
en director general,
en rector unívoco de lo que es y no puede ser,
en cazador de sueños y canciones,
en atrasador de relojes,
en asaltante de caminos,
en destripador de utopías,
en castrador de besos,
en extirpador de posibilidades.


en eso,
y en mil veces más,
se te ha convertido la agenda del día, mujer.
en un perro cerbero se transformado tu libro de
notas,
a una horca de suspiros asemeja tu diario íntimo.

el salitre que despiden tus mejillas me duele hasta
la muerte.

más tu, bruja del mediodía,
señalas el cielo,
y mágica y rayada me muestras tu destino.

un destino de alivios y torrentes,
de silencios y olvidos,
de Lucas nunca encontrado,
y Ménade siempre viva.

un camino de adiós, no sé si nos veremos,
de necesito olvidarlos y olvidarme
y perderme y que me perdonen,
un camino de tundra y gentes rubias y café desca-
feinado.
una peineta suspendida en la melena del tiempo
que no pasa,
pues es tiempo del olvido y del adiós en silencio.

una postal de Paul Klee o Delvaux o Toulose
enviada presurosa desde cualquier aeropuerto
con besos estampados en marcador de punta fina.

y yo tengo que decirte, hija de Lilith,
con todo el pesar de la vida que se me antoja eter-
na,

good bye my love,
buen viaje amor mío,
y agitaré una paloma en mi mano,
una paloma del adiós inevitable,
una paloma lánguida de nostalgias y soledades
compartidas,

porque dime si no es el reconocimiento de nues-
tros propios abismos,
yo del tuyo, tu del mío,
la supresión compartida y celebrada,
la pérdida de madrugadas y encrucijadas resbalosas

que nos descalabró los días, las noches,
los atardeceres.
dime, mujer, si el consenso de la rabia no fue espa-
cio propicio para acercarnos,
para cubrirnos las espaldas de los fariseos,
de la mentira concertadísima y premeditada,
de los verdugos que clamaban por nuestras cabezas,
de toda esa retahíla de absurdos y desconciertos
que como una ola feroz cayeron sobre los días.

(repito)
el salitre que despiden tus mejillas me duele hasta
la muerte.

quizá por eso sé de tu dolor
y de las razones aparentes y solapadas
de la partida.
quizá por eso, porque conozco tu exilio de siempre,
y el túnel de tus días (de estos de apocalipsis a fin
de mes)
soy solidario con tu causa,
soy anti-apartheid de tu vida,
soy ecologista de tus sueños,
coleccionista de tu embriaguez,
fanático de la música de tus manos,
extranjero en tu pasado,
pero aspirante a un futuro aunque sea digno,
narrador de tus mil y una noches, y quinientos días,
y otras razones que no enumero por no parecer
pedante.

pero, la más real y grosera
de todas las razones,
es que yo, mujer,
yo, este hombre,
es el viudo más fiel de tu ausencia,
próxima, inevitable,
el doliente acérrimo de tu trashumancia,
la mano que aún se agita en el puerto,
cuando el barco desaparece de vista.
y

(redundo)
el salitre que despiden tus mejillas me duele hasta
la muerte.

pero, compañera de infortunio,
quiero que sepas,
que aún no estando pero estando,
que faltando pero sobrando,
que aun muriendo pero viviendo,
que aun llorando pero riendo,
que aun vejada pero vengada,
que aun austera pero abundante,
que aun no-tú pero tú,
que aun yo pero nada;

yo,
abajo firmante,
tomaré tu venganza,
aullaré hasta morir los gritos que nunca diste,
golpearé por ti a los imbéciles que nunca apuñeteaste.


señalaré con el índice la traición mil veces delatada,
por ti y por mí,
pero mil veces consecuente.
tomaré sobre mis hombros tu dolor,
y atlas impasible caminaré entre el valle de los
muertos,
para espantar los fantasmas.

yo, mujer,
¡tomaré sobre mis hombros tu dolor!

yo, amiga
¡tomaré sobre mis hombros tu dolor!

yo, amada
¡tomaré sobre mis hombros tu dolor!

porque
(repito, redundo y finalmente concluyo)

el salitre que despiden tus mejillas me duele hasta
la muerte.

porque aunque,
cansada de huir de ti misma,
hastiada de llorar por ella,
dolida de escucharlos a ellos,
y molesta de no encontrarlo;

corres por nadie,
lloras por tí,
me oyes a mí.
y,
huyes de todos.










tú,
te estas yendo,

y yo,







cada vez más,




quedándome








solo.





-Jesús Ernesto Parra
(_plátanoverde)

lunes, 23 de marzo de 2015

elegía

no pongas esa cara
porque si quisiera solo andar, 
lo haría
pero todo esto, cada palabra
no es más que disimulo
del constante estallido
de toda carencia acumulada,
ese dolor tan mío
que se pega a mi espalda
y camina conmigo

no se trata de que por fin seas
ni que me roce tu veneno
de ti yo ya no espero nada
es la paz lo que yo anhelo
poner mucho espacio hacia ti
y respirar cuando boqueo
pero mírame, un sucio esperpento
enamorada
de la utopía que me miento
que no es más de un propio invento
de lo que jamás podré conseguir
si sigo aquí

contigo

porque si hubieras podido ver 
alguna vez
esa pasión que me alimenta
quizás conocerías qué es vivir
con menos prisa, más atenta
con menos odio y más de mí
quizás tendríamos otros dolores
una distinta desinencia
pero mataría por poder decir
que esta rabia
que me desgarra,
que despacio se fermenta
es por cualquier otra ridiculez
que tu absurda idea de lo que ha de ser de mí


miércoles, 11 de marzo de 2015

sábado, 28 de febrero de 2015

Y ni ganas de salir de ahí tenía

Ella se presentaría cada mañana en el umbral de mi puerta, un ángel adormilado que se acurrucaría en unos segundos junto a mí y se quedaría muy, muy quieta hasta renacer entre pestañas espesas. Me despertaría, porque se aburre. Follaríamos, probablemente, horas enteras perdiéndome en su pelo, su aliento, su ingle.

Se estiraría toda entera en un bostezo enorme, acariciando suavemente las sábanas con la piel desnuda, mecida por la luz de la ventana. Luego me miraría riendo. Y por las noches me mecería un rato entre sus brazos cuando me viera más ocupado y trataría de escribir sobre sí misma como si fuera ella una pieza de museo robada, qué caradura. Me obligaría a acostarme solo para poder enterrar la nariz en el hueco de mi axila y soñar vete a saber tú qué cosa rara en el mayor de los silencios. Explícame tú como dormirme entonces con ese espectáculo ahí existiendo junto a mí.


Entonces me inflaría de certeza. Yo sabía que me querría mientras fuera capaz de fingir que no se me erizaba cada vello de mi piel ante sus pasos, y que cuando se cansara de mí no habría nada que hacer. Podía verlo en su cara. Era un maldito torbellino, no le busques el sentido. Y yo me sometía a su imperio, incrédulo y agradecido, esclavo de la armonía de su voz. 

domingo, 22 de febrero de 2015

plena

sí, eres lo mejor que me ha pasado
coraza de alambre de espino
jamás hubiera sabido buscarte
y te encontré,
y ahora que te miro
me veo por primera vez

y aunque qué mal todo ahora que sé que casa
jamás fue ningún sitio
gracias por hacer que empiece a buscarla
ojalá que llegue y no te hayas ido

sé que a penas hablas
que no mencionarás esto que has leído
pero seguirás tocando la guitarra
abriendo un poco la boquita
y yo te querré
por eso, por haber sido
gracias a ti

y por las paredes de tu cuarto
el desorden de tu piso
tu delicioso inconformismo
por albert pla aquella mañana
el silencio
y todo aquello que has escrito


es todo un espectáculo el verte existir

viernes, 20 de febrero de 2015

Todo

Asaltaste mi cuerpo y lo llamaste justicia divina. Qué bonita, dijiste, mientras rasgabas raíces y ropa y mordías cada curva, cada eje, cada punta. Me besaste muy fuerte. Dabas miedo, con toda esa dulzura y la religiosa concentración con la que recorriste pasito a pasito mi piel; con las yemas de los dedos, sin un ápice de prisa, movido por vete tú a saber qué certeza absoluta de que yo era todo lo que debías estar haciendo entonces.

Creo que nada ha sido nunca tan fácil como volverme calor contigo, con tu boca fresca sabiendo a fruta y tus manos frías trazando el arco de mi columna vertebral. Todo aliento eras, besándome tan fuerte. Pero nada más dulce que al acercarnos y encajar. Dabas gusto, boqueando y temblando con el menor contacto, todo ojitos cerrados y pelo y rubor, todo tú aquí dentro. Y tu timidez al arquearte y suspirar, y quedarte muy quieto en un suspiro intenso. Mirándome a los ojos, dejando la helada punta de tu nariz junto a la mía. Precioso, pensé, tenías tus manos en mi pelo y yo lo llamé regalo del cielo.


Todo tú.


martes, 10 de febrero de 2015

Hivern

Nunca te conté que yo era toda poesía porque sabía que no había verso capaz de traspasar todas tus capas. Así que cuenta tú todas las frases que he callado para no gastar todo mi calor en deshacerte, tantas que poco a poco hasta a mí me invade el frío. Y se cuela en mi garganta. Y me congela todo el pecho. No como un golpe seco, dejándome sin aire. No así, porque de serlo dolería un rato y yo podría seguir respirándote. No eso. 

Más bien como una bola, cociéndose - qué paradoja - ahí adentro, parpadeando, estrechándome pero solo a ratos, intermitente. Una masa con tendencia a subir en espiral por mis cuerdas cada vez que intento hablarte, oprimiendo el sonido para que no salga y así no haya nadie más a quien le duela. 

domingo, 8 de febrero de 2015

No queda nada


Quién iba a decirme a mí que tras tanto vasto océano y tanta batalla estaría partiéndome por no entender una caricia mal dada. Casi parece que con todo el tiempo y a pesar de las patadas no aprendo, y continúo incapaz de mirar al presente a la cara. ¿Qué ha pasado con mi amarre? Hace un parpadeo me asía a la piedra y me sentía imparable. Y ahora que solo tengo miedo, miedo, nada más, que ni miro ni veo y la música está tan lejos que ni la rozo con los dedos, me desparramo sobre ti, y de tu capacidad de arranque y contención no queda nada.

¿Dónde estás?