viernes, 27 de junio de 2014

Pum. Verano.

La temporada de verano queda definitivamente inaugurada. Hace ya¿dos semanas? que estoy de vacaciones y puedo decir que han llegado como un bofetón. No he tenido la sensación de transición típica de los fines de curso en que las semanas previas (que haces menos si cabe que el resto del año) notas como se acaba la rutina y empieza la fiesta. ¿Por qué? Ni puta idea. 

Quizás fue cosa del viaje de fin de curso a Londres, que tuvo lugar los tres primeros días de aquella última semana y fue... diría que la palabra es decepcionante. Es decir, sí, es Londres y sí, estaba con mis amigas, pero lo único que hicimos fue correr de un lado a otro de la ciudad fotografiando a toda prisa cosas increíbles que no tuvimos tiempo de disfrutar, escuchando como dos compañeras particularmente exaltadas soltaban ordinariez tras ordinariez con un precioso y fingido acento andaluz. No es como lo había imaginado.
No todo fue malo, no pretendo ser dramática. Gracias al cielo tuvimos algún que otro rato en un parque para relajarnos y respirar el aire húmedo de la ciudad rodeados de ardillas y palomas sorprendentemente gordas. Y cuervos, montones de ellos. Eran preciosos. La última noche fue de largo lo mejor de todo el viaje, pues tras ver un musical nos pateamos un poco Picadilly y el Soho. Creo que fue allí, mientras bailaba y cantaba a todo pulmón en tirantes, donde pillé una gripe bastante bonita que aún padezco. Woo-hoo.


En fin, que tras volver del viaje siguió un día de completa histeria para gran parte de las chicas de mi curso, las cuales se estresason muchísimo perfeccionando un festival de fin de curso que a nadie le importaba un carajo. Cabe decir que salió de maravilla, hubo risas, llantos... Y de repente se había terminado. Pum.

He acabado la ESO. Qué fuerte, ¿eh? Tanto tiempo metiéndonos miedo con Bachillerato y ahora que ya estamos a sus puertas, yo no me siento nada diferente al respecto. Misma mierda, diferente edificio. Por lo menos la gente será distinta. Muchos me preguntan por qué he elegido salir de Sant Feliu para estudiar, otros simplemente me encasillan como una pija porque, claro, el Vedruna es privado - misma mierda -. De hecho, un día me di cuenta de que si iba a pasar tantas horas de mi vida encerrada en una aula y rodeada de imbéciles, quería que por lo menos fueran caras nuevas para tener el miserable entretenimiento de conocerles. 

No os confundáis, ni soy perfecta ni superior a nadie. Simplemente mi cerebro no podía tolerar más rato cerca de los que hasta ahora han sido mis compañeros de clase. Me ponen negra con su simplez, su ignorancia y su conformidad y no son lo suficientemente majos o divertidos como para que compense a largo plazo. Un rato, vale. Dos años más, ni fumada. Dentro de Sant Feliu iba a conocer a gente nueva también, claro, pero poca. Así que he querido empezar de nuevo.

Debo confesar que da un poco de miedo, pero no es nada a lo que no haya sobrevivido antes. 

Volviendo a mi última semana, la tarde después del festival fue un tanto caótica. Tras pasar casi tres horas en el veterinario de urgencia por mi perro, llegué a casa de mi madre para prepararme para la cena de fin de curso y fui recibida alegremente por ésta con un broncón digno de un criminal. ¿El motivo? Parece ser que en vez de estar con mi animal debía estar maquillándome para la posterior cena. Convencida de que eso era una suma gilipollez, discrepé, y para mi sorpresa la discusión degeneró de una manera admirable. Se me gritó por tantas cosas que a penas las recuerdo, pero las más destacables fueron el cáncer de mi abuelo y que mi padre me amargara mi noche. Alucinante. Opté por irme al carajo tras decirle que pensara en las chorradas que estaba diciendo y la cosa terminó con un WhatsApp suyo a las dos de la mañana diciéndome que durmiera con ella esa noche. 

La cena fue bien, para mi sorpresa. Los profesores se pillaron un pedo considerable y tras cargarse varias copas haciendo Sant Hilaris en el restaurante nos fuimos a Skull, donde jugaron un mundial de futbolín y bailaron bastante. Bastante entretenido.

Y así, de pronto, estoy de vacaciones. Han empezado a caer familiares en mi casa cuyo número se irá multiplicando con las semanas y no me hace la más mínima ilusión. Dejando eso de lado, he tenido días bastante buenos con mis amigos tanto en el pueblo como en ferias de Palamós. Sant Joan fue especialmente divertido, estuvimos nadando en la piscina de un amigo hasta las dos de la mañana y luego hicimos explotar un Playmobil de cartón y papel maché en la playa para la alegría de unos hippies muy simpáticos que teníamos al lado. 

Mañana por la tarde voy a ir al desfile del orgullo con un amigo y por la noche, Random Local Party. Me apetece mucho. Estoy de buen humor últimamente, no me siento inútil y a pesar de que mi ventilador arma escándalo y me despierta a las seis de la mañana estoy bastante descansada también.

Supongo que forma parte de mi cambio de actitud también. Ya no me contengo tanto. Le he puesto fin al conceal, don't feel, put on a show que tenía por norma y la liberación es increíble. Que si no me apetece no pongo buena cara, o no me quedo a cenar, o te vas a la mierda. Punto. No sé a quién pretendía engañar hasta ahora, pero guste o no yo también siento cosas y estoy hasta las narices de dejarlas de lado por el bien común. Así que sí, me siento bien. A ver qué depara este verano.

miércoles, 11 de junio de 2014

Feeling good

Hace justo una semana que tomé la decisión de dar un cambio. En la entrada anterior exhalé la frustración que lleva carcomiéndome años, y me hice una promesa. No os lo creeréis, pero ya me siento diferente.


A pesar de que hoy ha sido un día totalmente perdido y absurdo - tenía millones de planes e ideas que al final han acabado convirtiéndose en siesta y cambiar el diseño a este sitio - empiezo a notar que nace el buen humor en mí. Quizás estoy divagando y es solamente el calor y el verano que llega pero me noto más animada, con más ganas de hacer cosas que antes. 

I broke out. He salido, paso a paso empiezo a librarme del peso que sentía dentro. Y qué fácil parece todo lo que antes era un mundo. Me descubro haciendo cosas cuyas consecuencias me aterraban hace a penas meses, y la sorpresa es gigantesca al darme cuenta de que realmente no pasa nada. Una falta en mi asquerosamente inmaculado boletín del colegio, un par de gritos quizás, pero nada más. Los "daños colaterales" son tan efímeros que no sé si reír o enfadarme por haberme contenido tanto tiempo. 

Y es que había aprendido que el problema radicaba en mí. Que no era más que una impertinente que necesitaba aprender a bajar la cabeza y hacer caso. Ahora sé que no es así. No estoy sola en esto, dios, no lo estoy. Hay otras personas que ven el mundo de la misma forma, y no están solo en los libros o las canciones. Viven a mi alrededor, caminan por mis calles. Hay más personas a las que les disgusta todo, lo critican todo y lo quieren cambiar todo. En el - ya largo - proceso de descubrir qué era lo que veía tan mal de mi alrededor, me he dado cuenta de que no está todo perdido. Llevaba tanto tiempo con la cabeza enterrada en el pupitre que solo podía desesperarme contemplando la cantidad absurda de imbéciles sin nada que decir ni preguntarse que me rodeaba. Pero hay más allá fuera, lejos del ambiente de represión en las aulas, del otro lado de la puerta de mi casa. Hay mucho por lo que luchar, por lo que pelearse.

Es maravilloso.

martes, 3 de junio de 2014

Necia

Es vergonzoso lo poco que escribo últimamente. Y por últimamente me refiero a los últimos, ¿qué? ¿Dos años casi, ya? Día tras día parece que pierdo el rumbo de todo aquello que realmente tiene sentido. No escribo, es eso. Y no es por falta de inspiración o ideas, que de hecho tengo. Simplemente no lo hago. Me acuesto a mirar las paredes, demasiado cansada, demasiado enfadada.

Y es que es frustrante. Es frustrante que en mi entorno, en mi casa, en mi instituto, entre mis amigos más cercanos incluso, no encuentre manera de sentir que pertenezco. Siento que voy a la deriva, que planeo y solo miro al mundo girar a mi alrededor, enfadada porque no me gusta y no encuentro manera de cambiarlo. Enfadada por el poco interés que incluso aquellos a quién más quiero sienten hacia las cosas que me dan la vida cuando intento hablarles de ello. Mi cabeza burbujea de ideas, y pienso. Pienso mucho. Pero me siento muy desmotivada. Me decepciona ver lo inconscientes, lo ciegas que son las personas, sobretodo las de mi edad. Viven en un mundo regalado, acostumbrados a no luchar por nada y obtenerlo todo. ¿Lo peor? A veces veo que me estoy convirtiendo en una de ellas. Porque, a pesar de que mi día a día es una constante discusión y pelea por defender aquello que yo considero correcto, no avanzo. Paso la mayor parte de mi tiempo encerrada en una clase con una veintena de adolescentes que no hacen absolutamente nada y no quieren absolutamente nada, en un entorno que les premia el esfuerzo mínimo y desmerece los talentos de cada uno, obsesionados con que aprendamos cosas que ni siquiera ellos recuerdan. Controlada por supuestos adultos que pretenden inculcarme su sistema de mierda. Porque el mundo es así, Ailen, aprende a aceptarlo. Es una agonía el hecho de sentir que pierdo el tiempo, y que cuando por fin me libero estoy tan agotada que solo me apetece dormir y olvidarme. Y dejarme llevar. Y todo a la mierda.

 
Pero qué cojones, no quiero. No acepto su sistema, su salvación eterna, su concepto de lo que es correcto. No voy a indefinirme. No me da miedo destacar, ser diferente, por frustrante que eso pueda resultar. No acepto que todo lo que pienso sea pasión adolescente, una ira pasajera. Llevo sintiendo esto desde siempre. Por eso, basta. No temo el odio ajeno, no es una novedad. Yo quiero un cambio aún si me cueste reducir mis huesos a polvo. Empieza en mí, y el pistoletazo de salida ya ha sonado.

Doy por finalizadas entonces las lamentaciones. Ya se me ha demostrado que quejarme de todo no soluciona nada. Que las únicas mejoras han llegado al empezar a tocar los huevos para conseguirlas. Por eso, manos a la obra. Voy a centrarme en Maia, que siempre ha sido el proyecto madre desde que empecé a escribir, merecedor de una edición decente. Voy a revivir este maldito blog, porque necesito hablar y dejar de guardar todo lo que siento dentro y asegurarme de que el cambio realmente se está llevando a cabo.

Al fin y al cabo, ese siempre ha sido el motivo por el que escribo. Para cambiar y cambiarme. Para ser libre, para vivir y no matarme.